Estéreo Picnic

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50 mil asistentes, 41 bandas, 3 días, 2 escenarios y 1 solo amor por la música: el festival más soñado de Colombia fue por fin una realidad.

Hace cuatro años la primera edición del Festival Estéreo Picnic demostró que la idea de crear un festival con personalidad propia pero con las características de los más grandes del mundo era una apuesta arriesgada, impredecible, romántica y tal vez irresponsable. Pero el amor a la música desconoce límites y traza caminos inusuales…en esta ocasión uno que nos trajo aquí de nuevo hasta ustedes. Tuvimos que esperar a que Colombia volviera a un Mundial de Fútbol, para que en el mapa global de los festivales musicales, Estéreo Picnic tuviera su lugar merecido. Fueron miles de días de trabajo, muchas lecciones aprendidas con duras caídas desde lo alto y una sola convicción: íbamos a darle al país el Festival que siempre se mereció pero que nunca antes pudo reclamar.

Esta vez el Parque 222 sobre la Autopista Norte de Bogotá reunió a 41 artistas en tres días que atravesarán 50 mil vidas para siempre. De tarde y de noche la música no paró de sonar en ninguna esquina, los sueños tampoco dejaron de cumplirse en ningún momento. El jueves 3, en el Escenario TIGO, Nine Inch Nails dejó claro que la fe está por encima de la frustración del pasado y la llovizna de éste abril. Así, Trent Reznor por fin presentó su delirante genialidad industrial sobre una de tarima nacional, saldando la cuenta de un concierto alguna vez cancelado a pocos kilometros de allí. Sobre las horas finales de la jornada del viernes 4 los Red Hot Chili Peppers demostraron con su regreso que la grandeza nunca será ajena al Festival, con un set tan masivo como intimista, lleno de éxitos y de libertades artísticas. Los Fabulosos Cadillacs, por su parte, se erigieron como la banda más vitoreada del sábado 5 y renovaron nuestros votos por el rock latinoamericano como una transfusión directa de sangre, haciendo que sus himnos nos corrieran calientes de nuevo por las venas. Una trilogía de magistrales cabezas de cartel que supieron apuntar al sentido sonoro-emocional de Estéreo Picnic y que todas las veces dieron en el blanco.

La quinta edición de Estéreo Picnic tuvo más bandas y más días que nunca antes. De todos modos la esencia aún está ahí: en mirar las estrellas desde los asientos heno, brindar una copa con los amigos, cantar hasta perder la voz y enamorarse de la vida nuevamente. También en que la historia musical del país está presente ahí para ser necesariamente reinventada. Capital Cities demostró que “Safe and Sound”, más allá de una trompeta, unas sirenas y un par de sintetizadores, fue un punto de convergencia generacional. Thomas Mars de Phoenix y Davey Havok de AFI atravesaron sobre las manos elevadas de los fanáticos en presentaciones contundentes y desbordantes de energía.  Zoé nos regaló un show desde el alma, entre canciones taciturnas y luces interestelares. Los dioses del reggae nos permitieron pasar una tarde de sol conmovedora con The Wailers como telón de fondo y el espíritu de Bob Marley en el aire, para luego darle paso a la sentida intervención de Puerto Rico con  su Cultura Profética. Ese mismo sábado la noche también tendría como protagonista al conquistador romano de las rimas, Jovanotti, y desembocaría en la locura caustica de los queridísimos Gogol Bordello y su parranda gitana, con la que todos tuvimos la única opción de ser una misma nación multiétnica.

Natalia Lafourcade, Dorian, Babasónicos, RVSB y Camila Moreno ondearon los muchos colores de la bandera de la música alternativa en nuestro idioma. Catalina García de Monsieur Periné se convirtió una vez más en figura insigne del FEP gracias a sus diversas colaboraciones y Li Saumet se asentó en el trono de la gran cantaora de la generación 2.0 junto a Bomba Estéreo. Pero las reinas del cartel nacional no solo lograron coronar grandes presentaciones, sino que supieron enmarcar magistralmente una oferta de sonidos colombianos de altísima calidad que incluyó también a Lospetitfellas, Antombo, Injury, Mateo Lewis, La 33, Juan Pablo Vega, Lianna, Consulado Popular, El Freaky, Gerard, Charles King, Arbol de Ojos y Oh´Laville.

Pixies fue grande a la vez como un hito clásico y contemporáneo. Black Francis, Joey Santiago, David Lovering y Paz Lenchantin dieron una catedra de rock alternativo en hora y media, incluyendo sus influencias punk, sus experimentaciones surf, sus líricas de dulzura apocalíptica, los dejos psicodélicos y una intención siempre provocativa. La banda de Boston le dio además un sentido práctico y simbólico especial al paso por el Festival de artistas como Vampire Weekend, Portugal. The Man, Julian Casablancas y Savages, que han llevado, cada una a su manera, sobre el alma y el papel las lecciones de estos mentores hasta la década actual.

Por su parte la celebración electrónica llegó hasta sus mejores consecuencias con algunos maestros de ceremonias inmejorables. Desde Australia los Empire Of The Sun, con un espectáculo perfectamente vestido para un músical Broadway y sus coterráneos esenciales del nuevo electro pop, Cut Copy, le pusieron elegancia absoluta a la pista de baile colombiana. También pasamos por las impecables mezclas radiales de la revelación ruso-alemana, Zedd, y por la influencia vertiginosa del talentoso ex Swedish House Mafia, Axwell, sobre los decks. Todo para llegar extasiados y sin mayor opción a la monumental hora de Tiësto, quien clausuró nuestra fiesta con su set de otro mundo instalado como una nave espacial sobre el Escenario TIGO.

Mientras los fuegos artificiales inundaban el cielo anochecido de la sabana capitalina ese sábado 5 (técnicamente ya domingo 6), tal vez fuimos la estrella que más brilló en el continente gracias a la fe de todos. Los artistas, los asistentes y los patrocinadores creyeron esta vez en Estéreo Picnic con tanta devoción que hicieron de estos tres días un momento eterno. Nuestros agradecimientos no pueden ser entonces sino infinitos. ¡Nos vemos en 2015 más allá de la música!

www.festivalestereopicnic.com